Como siempre nos ha vuelto a pillar el toro: que si termina de meter estas cosas, que si imprime el esquema del vuelo, que si reailza los últimos retoques del blog…

La noche anterior de cualquier viaje es difícil que no tenga un cumulillo de estrés.. aunque ya sea sólo por los nervios de montarte en el avión al día siguiente en dirección.. ¡a qué sé yo dónde!

Esas horas se convierten en una especie de noche de Reyes para no tan niños: unos se acostarán temprano y dormirán plácidamente, otros no pararán de dar vueltas en las sábanas imaginándose lo que descubrirán y la gente que conocerán, otros casi no tendrán tiempo de dormir porque habrán dejado todo para el último minuto… pero lo que está claro es que a ninguna y ninguno le costará levantarse para coger ese ansiado vuelo, tren, barco.. hasta el lugar de sus sueños.

Es genial la sensación de antes del comienzo de la aventura. Te das cuenta de lo que vas a experimentar y a vivir, casi más que cuando ya estás inmersa/o en el trayecto, donde coger un “matatu” o comer unos “noodles” con palillos se convierte en parte de tu vida cotidiana. Porque lo cierto, es que como a mucha gente y a nosotros mismos pensamos, el viajar nos da la opción del cambio de rutina, comida, ropa, mentalidad… y eso es algo que engancha.

Esperamos que este blog sobre nuestro viaje a Nueva York les guste, divierta, ayude y.. anime!